¿A qué huele un dibujo?

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Post – Octubre 2020

Una mañana llegó Pili a nuestro estudio anterior contándome que su amiga Elena había visto un estudio, bueno más bien un viejo piso en el barrio del Realejo, un barrio excepcional , llevaba cerrado bastantes años y nunca fue reformado.

¡Qué pereza otra mudanza!, así que lo dejamos pasar varias semanas. Al tiempo cansadas y decepcionadas con nuestra empresa de producción y diseño de camisetas, sólo nos gustaba la parte de crear, diseñar y dibujar, pero la parte de la ventas la odiábamos y si no vendes… Nos planteamos un cambio de rumbo. Lo necesitábamos. Dejamos pasar el plácido y caloroso verano. A mi solo me gustar dibujar, crear , pintar, mancharme las manos,.. ¡y el pantalón si es menester! ,realmente quería dedicarme al mundo de las artes plásticas. A si que en septiembre nos reunimos y le expuse a Pili lo que realmente quería, ella me dijo: ¡genial, seguiríamos juntas! Ella llevaría toda la parte digital y fotográfica del nuevo proyecto (parte en la que me considero una negada absoluta ) y así empezó nuestra nueva andadura.

Fuimos a ver ese estudio viejísimo, fue amor a primera vista, tenía una luz espectacular, la ubicación inmejorable, unas vistas preciosas y una energía que nos cautivo (todos los días a las 12 nos acompañan las campanas de la iglesia de Santo Domingo), bueno esto que os cuento es lo positivo del estudio ahora os cuento la parte negativa ¡madre mía! .

La casa llevaba cerrada muchos años y su antigua inquilina, la señora Rosalía personaje sacado de nuestra imaginación, forma práctica de llamar al espíritu que nos acompaña, parece que no la cuido mucho así que bueno manos a la obra cogimos nuestra libreta y fuimos apuntando todo lo que le haría falta cambiar o arreglar: empezamos por una limpieza profunda, os cuento que una tela de araña llegaba desde el W.C. hasta la bañera, el cuarto de baño era realmente asqueroso, pero lo pintamos todo, incluido los azulejos, arrancamos literalmente el bidé, tiramos una cortinas de encaje de plástico horrorosas,… desinfección total, mucha lejía, y sobre todo agua fuerte. Necesitamos poner una cuña a la puerta de entrada porque el piso esta vencido para dentro y la puerta de la calle se había descolgado. En lo que se supondría que era la cocina no había nada, todo estaba arrancado, así que hicimos un pequeño espacio para nuestra ketel, nuestros tés y piquilabis varios, pintamos todas las ventanas de madera y pusimos cristales nuevos porque la mayoría de ellos estaban rotos, les pintamos unas florecillas en el suelo para decorarlo y camuflar una manchas horribles. Necesitó tres manos de pintura blanca… y ¡voilà! Ya tenemos un estudio precioso y perfecto, si no fuera por las ventanas que en invierno entra un frío infinito para morir, no importa, tenemos mantas y guantes.

Creo que después de todo tenemos mucha suerte de tener un espacio donde poder crear, dibujar, fotografiar, comer, reír mucho muchísimo, y disfrutar de los momentos que nos ofrece la vida.